Yo no la amaba
Yo no la amaba, creo que nunca lo hice y me dolía verla amarme y hacerla reír en tantos momentos, y que me dejara soltar mi cabeza en su falda y me volviera hacer sentir un chico, que me acariciara y no me preguntara nada. Yo la sentía tan fuerte como el sol de madrugada y no la amaba. Sabes que te lo conté, te lo conté varias veces acordate. Verla caminar hacia mi era un sentimiento que no era un sentimiento, vos sabes a que me refiero… yo siempre tan así y ella que no sabia que hacer para ponerse tan bella como solo yo la recuerdo.
Yo no podía amarla y pensaba en ella, pensaba en nuestros hijos en una casa lejos de todo y cerca de nosotros mismos, nos veía viejos, jóvenes, adultos, niños pero siempre la veía igual con su sonrisa y con esa lagrima solitaria que a veces le brotaba y que yo me desmoronaba para poder consolar. No me mires así, se que no debí haberla hecho ilusionar, yo no sentía nada y ella tan así, que se ponía sus vestidos floreados y que combinaba sus pantalones con el azul de sus ojos y con la pureza de su alma.
Debe haber imaginado a sus hijos con mi cara como yo imagine a los míos con la de ella y creo recordar imaginarme al lado de su cama llorando de alegría por nuestro recién nacido.
¿Te acordas de esa tarde en tu casa que te dije que no la amaba? Bueno esa misma noche nos vimos, ella estaba como siempre, con ese andar risueño, con ese aroma particular y yo la vi venir, me acuerdo bien que la vi venir porque sentía como se me ponía la piel, como veía venir sus besos, sus caricias, aunque vos sabes que no la amaba, pero la verdad es que nunca me sentí tan arropado y tan cuidado como con ella cerca.
Casi me acuerdo cuando parados frente a frente me dijo que se había enamorado de otra persona, me acuerdo porque de esas cosas uno nunca se olvida, me acuerdo porque sentí algo, que no se que era, pero fue como si de repente el mundo hubiera dejado de existir, que solo estábamos nosotros dos y algo desde adentro me desgarraba.
Quede de rodillas abrazado a su cintura, los ojos inundados en lagrimas llenos de suplicas, de dolor, de angustia, de nostalgia… seguí deslizándome hasta llegar al suelo y ahí quede, casi acostado, sin fuerzas, recordé la muerte de mi padre, recordé verlo morir porque quería comparar ese dolor, lo recordé marchitándose como una rosa y despidiéndose de mi. Fue parecido, ella lloro, porque me seguía queriendo, lo supe, y yo ahí sobre las baldosas frías, en ese clima de humedad intenso, pensando en mi respiración, en ese dolor que se inflaba en mi pecho y se acordaba de cada momento juntos, que se sentía solo, si… era un dolor que por sobre todo se sentía solo, incomprensible.
Intentar recomponer la cara del hombre que me la había robado. Me lo imagine alto por supuesto, no muy fuerte, aunque más que yo, más limpio, más sabio, y yo no entendía. No entendía porque que me iba a imaginar yo, que esos ojos, tan puros, que me miraban y que desnudaban mi mente, se iban a fijar en otro, que esos vestidos iban a servir para enamorar a otro, que sus hijos ya no tendrían mi cara, sino otra que que trato y trato pero no logro descifrar, que su vejes la lloraría con otro y que otro lamentaría su muerte muchísimos años después.
Que me iba a imaginar si yo no la amaba.
